En ocasión de la Fiesta de la Asunción de la Virgen por Roberto A. Punte.

En la lectura de los Evangelios sinópticos atribuidos a la autoría de Marcos, Lucas y Mateo, captura la atención la vivacidad con que son narradas, desde su inicio, escenas íntimas y a la vez trascendentes. La crítica especializada ha inferido una fuente primordial, que explicaría tanto el paralelismo entre ellos como las diferencias entre los mismos.

Cuando se reflexiona sobre esto salta a la vista el reducido número de posibles testigos que pudieran haber conservado y trasmitido su memoria de los hechos relevantes de la vida de Jesús, muchos de ellos en extremo privados. Y enseguida resalta como obvio el eco de una voz persistente, la de María.

Por la índole breve de este artículo me limitaré a enunciar los momentos de mayor relevancia, admitiendo que son muchos los casos en que, por la intimidad de las circunstancias sólo ella pudo estar allí, y, luego, un muy pequeño círculo participar del conocimiento de lo ocurrido, sin duda después trasmitido oralmente hasta su registro escrito.

Es Lucas quien trata en detalle la anunciación por el Angel Gabriel (Lucas 1-26-38) precedido del anuncio de Juan el precursor, y, la revelación del nombre del por nacer, como Jesús, el Salvador. Luego, la visitación a Isabel, transcribiendo el himno entonado por María que conocemos como "Magníficat". Después, el nacimiento de Juan y de inmediato, el de Jesús, transcribiendo el "Gloria" del coro celestial ante el pesebre y los pastores.

Cita su fuente de modo muy explícito "María guardaba todo esto y lo ameritaba en su corazón” (Lucas:1:19). Marcos Levy, el publicano, a su vez describe la revelación a José, en sueños, de lo que estaba ocurriendo, introduciendo su narración con la genealogía de sus ancestros. Del nacimiento, destacó otros hechos, por cierto dramáticos :la visita de los magos, la matanza de los inocentes y el exilio en Egipto, hasta después de la muerte de Herodes.

Como he dicho, resuena el eco de la voz de María cuando Lucas escribe que "el niño crecía y se fortalecía lleno de sabiduría y la gracia de Dios estaba en él".
Narra luego su presentación en el templo y el episodio muy familiar y privado de su "extravío" y conversación entre los doctores oyéndolos y preguntándoles (Lucas -2. 46).

Esto forma parte de un segundo tema en esta nota, que aborda el despojo de su personalidad divina al encarnarse niño, mera preparación para el anonadamiento final necesario para su muerte física. Así lo expresa Pablo en Filpenses II.5-9, “quien siendo de condición divina, no consideró codiciable el ser igual a Dios. Al contrario, se despojó (ekénosen) de su grandeza, tomó la condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres...” Siendo pues verdadero humano, sigue los pasos de su crecimiento y educación, y el desarrollo interior de su vocación mesiánica, siendo determinante el rol mentor de María y José en esta etapa formativa, que recién ha de completarse ya iniciada mucho más tarde su vida pública.

Aún cuando sigue a Juan y toma el bautismo de penitencia de manos de su primo, no aparece manifiesto en él lo que por vía de Juan le es indicado (Lucas -3.16) ratificado por la exaltación milagrosa del Padre (Lucas3. 22-Juan I.29-34)).
Aún así resulta necesario el impulso de María para qué asuma que ha llegado su hora (Juan: 36/25) en el episodio de Caná.

Ya por entonces "lleno del Espíritu Santo" (Lucas 4.1) ha ayunado y rezado en el desierto, siendo tentado, episodio en soledad que sólo él pudo narrar. En cambio el eco de María resuena en otros hechos similares donde aún no estaba conformado el grupo discipular que se estaba reuniendo. La tesis de la asunción gradual del hombre Jesús en la vocación mesiánica se ve en sus oraciones al Padre aún en la equiparación en filiación que transmite a sus discípulos al enseñarles un nuevo modo de orar (Mt 6:9, L 11,2-4), así como en su respuesta a los emisarios de Juan, éste ya en la cárcel y próximo a morir , y en su asentimiento a la confesión de Pedro(Mateo 16).

Vemos cómo, no obstante, su visión escatológica es limitada (Mateo 24.25 -31.46; Marcos, 13.4 -21) pues remarca que sólo el Padre conoce el día y la hora (Marcos 13 - 32). Contrasta así con sus palabras en la institución de la eucaristía "cuando llegó la hora" (Mateo 26.20. 25, Marcos 14.12-17-21, Juan13. 18-30, Corintios 11-23.26).

Aún entonces duda , en la extrema angustia de la oración en el Huerto(Mateo 26.36-56, Marcos 14.32-52, Lucas 22.40 y 53 – Juan18I -1b -11), asumido finalmente en el interrogatorio ante Pilatos , y en los diálogos de la Cruz, Mateo 27-60-61, Marcos 15.46 46-47, Lucas 23.53-56, Juan 19, 41-42) donde está presente María al pie del madero, en el momento en que ha sido abandonado de toda primacía divina.

El himno teológico que abre el evangelio de Juan está iluminado por el testimonio de María. Pues el Verbo, que estaba desde el principio, como coeterno y consustancial del misterio trinitario, “se hizo carne y habitó en medio de nosotros” (Jn.I-14)

Procura esta breve nota destacar la asunción gradual por Jesús de su vocación mesiánica y el papel fundamental asignado a María en la docencia y revelación de ese destino. De ahí la exaltación de Juan su protector, en la imagen prodigiosa de la mujer vestida de sol con la luna a sus pies y la corona de doce estrellas (Ap.XII.1).

Hay en la humanidad de Jesús el Cristo un ciclo de despojo, asunción de la persona divina con extrema privación de ella a la hora de su muerte humana y glorificación final en su resurrección para siempre. No obstante, no cabe duda que el resucitado no es ya sólo hombre, y por tanto era imposible continuara viviente en el siglo, correspondiendo el regreso al "reino que no es de este mundo"(Jn,18- 36), culminación necesaria del lapso en que el tiempo se cruzó con la eternidad por su divina presencia.

Nota: está nota está inspirada por la lectura del libro "El Evangelio de Nuestra Señora" del Cardenal Ildefonso SCHUSTER, 1954, edición Guadarrama -Madrid 1961, así como en el rol de corredentora en el sentido de participante o cooperadora que se ha venido planteando en las últimas décadas, vinculado a su participación en el sufrimiento de la Pasión. Sin embargo el presente aporte apunta en sentido diferente a partir de su rol a partir de la anunciación y durante el crecimiento y maduración humana de N.S. Jesucristo.

Roberto Antonio Punte.

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